RUEDAS DE ESPERANZA
La felicidad del movimiento

Sillas para su nueva vida. Niños y adultos inválidos.
Ruedas de Esperanza surge tras esta visión: ver cómo niños y personas adultas se arrastran por el suelo, pues es su única opción para poder desplazarse. Es una escena triste e impactante. Testimonio tras la primera visita oficial que el fundador de Alma O.N.G realiza a África.
VALENTÍN — El niño que se le olvidó sonreír
Un niño de 14 años de edad que nunca ha ido a la escuela por su discapacidad. Su madre, vendedora ambulante sin recursos, vive con tan solo 0,30€ al día. Madre soltera de 3 hijos, su condición no le permite dar a su hijo las atenciones que su discapacidad requiere.
Valentín necesita una silla de ruedas o bicicleta de minusválidos para poder asistir a la escuela y poder moverse con facilidad en su vida diaria.
Alma O.N.G está en (Seckel) un barrio marginal de Luanda, Angola. El caso de Valentín no es un caso aislado: en Angola centenares de niños son minusválidos. Sus familias no tienen recursos para comprar sillas de rueda. Estos niños no tienen otra opción para poder moverse que ir arrastrándose por el suelo.
JUAN — El profesor que quiere seguir estudiando
Juan no tiene ninguna de las 2 piernas, lleva 32 años arrastrándose por el suelo para poder moverse. Tenía un salario de menos de 25€ al mes que no le permite comprar una silla de ruedas.
Este profesor enseña voluntariamente a los niños pobres de su barrio a leer y escribir. Su ilusión es poder seguir estudiando en la universidad la carrera de psicología.
Acceder a la universidad en Angola cuesta tan sólo 50€ por estudiante al mes (600€ anuales).